bed and breakfast in buenos aires - english b and b in buenos aires - castellano b&b in buenos aires - francais 19 de Mayo de 2013 a las 21:57
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El Jardin Japones

Bien rodeado por ilustres vecinos como el Zoológico, el Planetario y el Rosedal, el Jardín Japonés es mucho mas que otro espacio verde entre otros. Con su sinuosa armonizacion entre naturaleza y cultura, este sugerente fragmento de nuestras antipodas planetarias es una auténtica invitación al paseo contemplativo en la utópica ruta de la ilustracion porteña.

El 15 de Mayo de 1967, los actuales emperadores y por entonces Principe Heredero Akihito y Princesa Michiko visitaron la Argentina, circunstancia en la que se coloco en la por entonces Plaza Japón (que al igual que Plaza Francia, Plaza Alemania y Plaza Italia formaba parte del Parque 3 de Febrero) una placa sobre una piedra. Así comenzó la historia del Jardín Japonés, que, sin cercos, fue desapareciendo. Hasta que en 1977 se reconstruyó según el diseño del ingeniero Yasuo Inomata, con ayuda de Hideo Sugimoto. Desde entonces es el jardín japonés mas grande fuera de Japón. Durante las decadas del ochenta y del noventa, se consolido como típica locación para fotos de sonrientes novias de blanco. En 1998 se celebraron los 100 años del Tratado de Amistad, Comercio y Navegacion entre Argentina y Japón. Con el nuevo milenio y coindcidiendo con la gestion de la Fundación Cultural Argentino Japonesa, el Jardín Japonés tiene cada vez mayor presencia en la vida cultural porteña.

Ya desde su entrada principal sobre la Avenida Adolfo Berro, el jardín japonés nos propone una equilibrada y rica simbología poco vista fuera de su irregular perímetro. Por ejemplo, apenas atravesado un pórtico estilo casa feudal japonesa, tenemos sobre la izquierda un acer palmatum, o árbol de la suerte, con hojas de cinco puntas que parecen una multitud de manitos dándonos la bienvenida; mientras que sobre la derecha un escudo nacional argentino y un crisantemo imperial nos avisan de una sólida amistad internacionalde la cual veníamos participando sin darnos cuenta.

Recostado en la Avenida Carlos Casares, entre las Avenidas del Libertador y Figueroa Alcorta, el Jardín Japonés cuenta con unos 150 metros de frente y 70 de fondo, con laterales de 200 metros aproximadamente. Su corazón es un lago artificial rodeado de por una variada vegetacion, cuyo colorido cambia segun la hora del día y la época del año; por lo que, en cuanto a postal, más que uno tenemos una infinidad de jardines japoneses que se suceden los unos a los otros, mientras incontables piedras de los más diversos tamaños permanecen prácticamente impsibles.

Ademas de un lago con sus islotes y penínsulas, tenemos varios puentes que lo atraviesan, un restaurante, un jardin seco, un campanario, un monumento, un vivero, faroles de piedra y madera...Pero más allá de la diversidad de detalles e interesantes historias asociadas, lo esencial de este jardín es su inclusiva armonía: a diferencia de los occidentales, en los que flores y colores apuntan al impacto, un jardín japonés es un refugio para meditar y contemplar, y es en este punto en el que se impone cierto silencio. Tal vez lo mejor sea entonces asomarse al lago para observar los vistosos y longevos peces que lo habitan, carpas que ya cuentan con 35 años (cuya expectativa de vida llega a las 9 décadas y que en su hábitat natural llegan a medir 1,20 metros de largo), que cumplen tareas de mantenimiento a cambio de casa (agua) y comida.

Del puente plano a la isla de los dioses

Una vez franqueada la entrada principal, hay unos pocos metros de sendero único y luego el camino se bifurca bordeando el lago. Entre los varios puentes que lo atraviesan, el más accesible está hacia la derecha, un puente plano construido en madera y pintado de rojo que es uno de los puntos de mayor concentracion de carpas: aqui, al igual que en el resto de las orillas, la profundidad del lago (artificial, excavado, rellenado con tierra apisonada y agua corriente) es de unos 30 centímetros.

Avanzando en la dirección emprendida, llegamos a unos senderos de piedras que nos permiten acortar el rodeo al lago en uno de sus vértices. Frente a este sendero se encuentra la isla de la Grulla y Tortugas, dos islas unidas entre sí por un puente de piedra. Grullas y Tortugas (presencias habituales a la hora de pinturas, ornamentos florales o figuras de papel) simbolizan la longevidad. Pocos metros después, el camino se bifurca en tres: uno que se aleja del lago, otro que rodea su orilla y un tercero que avanza sobre el agua y desemboca en el Taiko Bashi, puente curvo color shu (un colorado considerado divino), que para ser cruzado requiere cierto esfuerzo. En las ceremonias religiosas es atravesado primero por los sacerdotes y luego por los creyentes, cuyas almas quedan de esta forma purificadas; a través de él llegamos a la isla de los Dioses (Shinzen-Shima), que incluye a una pequeña pagoda de trece aleros (para la cultura japonesa el 13 es considerado de buena suerte) y una cascada, que representa las diversas etapas de la vida. Una vez recorrida esta residencia de divinidades, desembocamos a unos pocos metros de nuestro punto de partida, por lo que para completar nuestro recorrido vamos a tener que desandar nuestros pasos.

Del campanario a una familia de piedras

Volviendo a aquella triple bifurcación del camino que nos condujo a la isla de los Dioses, tenemos un campanario de durísimo quebracho colorado santiagueño, que alberga una Campana de La Paz a la que se puede escuchar los segundos martes de cada mes de septiembre. A pocos metros, por el camino que se aleja del lago, tenemos un ejemplar del ginkyo biloba, o árbol de oro, una especie que existe desde el Jurásico y que volvió a brotar tras las explosiones atómicas de la Segunda Guerra Mundial sin que nadie la plantara. Tambien está la Fundación Espacios Verdes y el Monumento al Sudor del Inmigrante Japonés, una gigantesca piedra hallada (no esculpida) en Córdoba. Observando con detenimiento, se supone se pueden ver dos figuras, la mayor (un hombre) abrazando a la menor (una mujer), que simbolizan la fuerza y el valor con la que los inmigrantes (en su mayoría provenientes de Okinawa) afrontaron las diferencias culturales. Volviendo al borde del lago, llegamos al puente que nos faltaba, el Yatsu Bashi, puente de madera en zig zag o de las Decisiones, cuya forma irregular representa la unión de las islas del Japón. Lo de Puente de las Decisiones se debe a una tradición por la cual cuando una persona debía decidiralgo importante lo cruzaba, atravesándolo en tres oportunidades para meditar (los tramos rectos, más largos) antes de tomar la resolución (los tramos en zigzag, más cortos). Llegamos entonces a uno de los extremos del lago, presidido por el edificio más importante del jardín, en donde se pueden degustar platos típicos de la cocina japonesa, a cuyo costado hay un damero formado por baldosones intercalados con cuadriláteros de césped. El edificio es de dos plantas: una inferior restaurante, en la que sobre una tarima se ubica un espacio reservado para la ceremonia del té; y una superior, un salon para actividades y exposiciones. Pegado al edificio está el Kare SanSui, Jardín de Paisaje Seco, en el que el peinado de la grava representa las ondulaciones de la superficie del mar. También hay un cono de piedra truncado, que simboliza la máxima expresión de espiritualidad a la que una persona puede aspirar. A ésta se llega por un camino directo, representado por lineas rectas, o por el que proponen unos círculos concéntricos alrededorde piedras, obstáculos a superar. En este extremo del lago hay siete grandes piedras que representan a una familia: la piedra vertical más grande simboliza al jefe o padre de la familia, la siguiente en tamaño a la madre y las pequeñas a los hijos, mientras que las que se encuentran en forma horizontal bajo el agua recuerdan a los difuntos.

Tramo final

Hasta aquí hemos completado casi todo el Jardín, casi sin mencionar la riqueza botánica que lo rodea (cuestion bien tratada en las visitas guiadas) ni las diversas actividades culturales (de las artes marciales al origami, pasando por el bonsai) que se desarrollan a lo largo del año. Apenas hemos señalado al pasar algo de un significativo simbolismo en el que se superponen y armonizan tradición sintoísta, espiritualidad zen y actualidad nikkei (japoneses que viven fuera de Japón y su descendencia). Solo nos resta recorrer unos pocos metros del lateral más tranquilo y apacible, apenas un sendero que separa al verde del lago, con un muelle y una glorieta que invitan al recogimiento interior. Una vez al año (durante una semana de agosto) hombres y mujeres realizan un examen de conciencia. El hombre medita en el muelle, con las piernas hacia el agua, que refleja el plenilunio. El corte abrupto del muelle simboliza a la muerte, el comienzo de una nueva vida en un más allá representado por una pequeña isla, la de la inmortalidad. Mientras tanto, la mujer medita en la glorieta.

Esteban Rial para "Urbconnexion"

Todos los días de 10 a 18 hs ARG$3. Fines de semana y Feriados ARG$5

TE: 4804-4922/9141 int. 19

http://www.jardinjapones.org.ar